viernes, febrero 24, 2006

Las Cartas (Capítulo 1)


El inspector Barbrady entró decidido a la casa y se aproximó a la puerta. Marzo ya había comenzado y el suave canto de las aves anunciaba el inminente arribo de la primavera. Barbrady se disponía a golpear cuando fue sorprendido por el doctor Michael Ardicott en persona, dueño de la casa, quien apareció detrás suyo portando un llavín.

- ¿Disculpe?, inquirió el galeno.

- Doctor Ardicott, supongo. Soy el inspector Barbrady, encantado.

- Ah, inspector, encantado. Pase usted, está en su casa. ¡Adams!

John Adams era el viejo mayordomo de los Ardicott. Había servido al doctor Archibald Ardicott, y ahora estaba a las órdenes de su hijo, con la misma eficiencia. Se presentó al instante, alertado previamente por el ruido de la puerta, y con una reverencia tomó los abrigos de ambos.

- Adams, tráeme un café y... ¿Usted qué toma, inspector? ¿Café? –el inspector asintió- Dos cafés, Adams. Venga, inspector, póngase cómodo.

El inspector le siguió hacia una confortable estancia, de cuyas paredes colgaban hermosos cuadros al óleo, adquiridos en su momento por el viejo doctor Ardicott. Varios muebles de estilo victoriano se combinaban magníficamente con una alfombra cabernet, y una amplia ventana dejaba entrar algunos tibios rayos de sol. El doctor se sentó en un amplio y confortable sillón, seguramente su favorito, e invitó al inspector a que se sentase en una vieja pero cómoda silla antigua.

- Bien –comenzó éste-, tengo entendido que ha desaparecido su hija... ¿Rapunzel, puede ser?

- Efectivamente –contestó el doctor, abandonando su aspecto jovial por uno más sombrío-. En realidad su nombre es Victoria, pero la llamamos así por su hermosa cabellera rubia. Ayer se cumplieron dos días que no la veíamos, y mi mujer está muy consternada. Es decir, yo lo estoy también, pero ella no se ha movido de la cama desde ayer por la tarde, cuando convinimos en llamarles, y no ha probado bocado desde entonces.

En ese instante entró Adams con la bandeja del servicio, y el Ardicott añadió:

- Si me disculpa usted, acabo de llegar de ver al mecánico y como verá, no he visto aún a mi esposa. Subiré a ver si necesita algo. Ya regreso.

continuará.....

Por Papucho, un colaborador desde hoy.


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