St. Maryland, Exeter, 13 de octubre de 1942.
Señor inspector:
He encomendado que esta carta sea remitida a quien se haya encargado del caso Ardicott, en 1931, ya que tengo parte interesada en el caso. Le relataré los hechos desde el principio, antes de esa fecha.
En 1920, el doctor Ardicott y su esposa tuvieron una hija luego de varios intentos fallidos. Ella no podría tener más hijos entonces, pese a sus jóvenes 21 años, por el esfuerzo realizado y por haber hecho un duro tratamiento. Lo que no se sabía entonces era que aquel tratamiento se lo había hecho la señora Lilian McCormick, una mujer con fama de hechicera. Solterona y entrada en años, Lilian pactó con el doctor Ardicott que a cambio de tener una niña tan hermosa como su difunta hermana él la entregaría no bien ésta hubiese cumplido los 10 años. Era el mismo trato que su padre, el doctor Archibald Ardicott, había realizado con la misma señora McCormick más de treinta años antes. Sólo que el viejo doctor se rehusó a entregarla, y la niña tuvo un accidente horrible en el que encontró la muerte.
Cumplido el plazo, el joven doctor se rehusó también a entregarla, y comenzaron a llegarle misivas amenazantes, pero esta vez quien era amenazada era la madre de la niña, ya que la señora McCormick, anciana, no podría arriesgarse a perder su última chance de tener una hija. El caso es que la niña las halló un día, e instó a su padre a que acceda a entregarla a la vieja, para que su madre no muera. El doctor se negó, y riñó con la niña, a consecuencia de lo cual la niña encontró un artilugio para darse a la fuga, al encuentro de su otrora tutora. Su padre creyó lo peor y decidió suicidarse. El resto allí es historia conocida.
Pero se desconoce la historia de la niña, quien fue criada en su adolescencia por la vieja McCormick, quien lo hizo con dedicación y esmero durante diez años, hasta que falleció, ya anciana. La niña, hoy ya una señora (contrajo matrimonio recientemente) quiso aclarar la historia y recordar a sus padres. Es decir... mis padres.
Victoria Ardicott de Arundell
FIN
Gracias Papucho, muy lindo el cuentito.

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