jueves, abril 27, 2006

Las Cartas (Capítulo 5)

Anteriormente: Las Cartas cap 4

La señora Ardicott parecía ahora de ocho o diez años más de los treinta y dos que tenía. Su mirada vacua se posaba en objetos inanimados evitando los ojos del inspector. Éste insistió:

- ¿Y a qué hora regresó su marido?
- Supongo que... pues no lo se, inspector. Como le digo, estaba yo angustiada y no me fijé en las horas... pero no veo la importancia de ello.
- No es nada, simplemente un detalle, pierda cuidado. Me dijo su marido algo acerca de una riña que tuvieron con la niña... ¿Y aún así le permitieron ir a la casa de su amiga?
- Oh, pero fue una tontería. Así me dijo Mickey, fue él quien discutió. Y en estas situaciones lo mejor es hacer caso omiso y no castigarla, pues de otra forma... ¡ay! quien sabe... Creo que era por unas cartas que ella había escrito... o recibido, no se bien. Mickey discutió algo durante el almuerzo, pero yo estaba algo ensimismada y no presté atención. Luego él me dijo que no era nada, y Rapunzel vino a despedirse al rato porque iría a casa de Jenny. Esa fue la última vez que la vi -su voz se quebró-... ahora no se...
- Descuide, le encontraremos. Descanse, la mantendremos al tanto.
- Gracias. Si ve a mi marido volver del taller mecánico, ¿le puede decir que suba a verme?
- ¿Perdón?
- A mi alcoba... oh, perdón, es que estoy tan mareada. Usted no debe ocuparse de eso. Le diré a Adams...
- No, es que su marido me dijo que se iría al consultorio...
- Oh... me habré confundido entonces. Bien, me iré a descansar.
Y acompañando la acción a la palabra, se retiró. El inspector la saludó y amagó con irse, pero en cambio torció hacia un sendero que bordeaba la casa y conducía a un galpón en el fondo. Allí, una vez realizado un breve cateo, dio con la cartuchera de un revólver, pero vacía. También halló una caja de balas, pero le faltaban unas cuantas. Meneó la cabeza con pesar y entró a la casa para hacer un llamado.
Horas más tarde, el cadáver del doctor Ardicott fue hallado a la vera del río, con un papel en su bolsillo que decía, escrito de su puño y letra, "perdón". Se supuso que la niña habría descubierto cartas incriminatorias del doctor con otra mujer, y hubiera tratado de sonsacarle... luego éste la seguiría y la mataría... pero nunca hallaron el cuerpo. El caso se cerró unas semanas más tarde. La señora Ardicott, inmersa constantemente en su catéresis crónica, murió ocho años más tarde, en 1939.

En la próxima... la última parte.

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