jueves, marzo 30, 2006

Las Cartas (Capítulo 4)

"Curioso hombre -se dijo el inspector-, cualquiera diría que le preocupa más el hígado de un paciente que el paradero de su única hija..."
Y se encaminó hacia la cocina. No pudo sacar mucho en limpio de allí más que saber que como almuerzo se serviría carne soasada acompañada de coles, por lo que esperó no ser invitado al mismo.
"Odio las coles" se dijo, y luego de un breve estremecimiento fue en busca del mayordomo para saber cuándo sería recibido por la señora. Cuando estaba llegando al descansillo que precedía al salón en donde antes hubiera estado, vio que de él emergía una figura femenina que venía a su encuentro. Era la señora Bella Ardicott.
La señora Ardicott era pequeña, menuda y lánguida, su cabello corto y negro como el azabache destacaba la belleza de su rostro, aunque triste y ausente. El único contraste era un curioso fulgor que emanaban sus verdes ojos, chispeantes, que denotaban astucia y quizá malicia. "Esconde algo", pensó el inspector. Pero como siempre, no dejó traslucir sus emociones. Ella le saludó y lo invitó a pasar nuevamente al saloncillo.
- ¿Desea beber algo, café? -dijo la dama-. Mi marido dijo que lo estaban tomando, pero como ustedes los policías toman tanto café...
- No todos los policías somos como en los libros, señora -dijo con una sonrisa Barbrady-. Gracias de todos modos. Ahora dígame... bueno, dígame lo que quiera.
Esto sorprendió a la señora Ardicott, quien esperaba un clásico interrogatorio, para así poder eludir lacónicamente las preguntas. Instada de esta manera entonces, le refirió nuevamente la historia que tantas veces había oído en esa mañana el inspector, añadiendo un tinte melodramático en el que ella se situaba en la posición de víctima.
El inspector asentía en silencio, y cuando ella hubo terminado preguntó:
- ¿A qué hora telefoneó su marido a la policía?
- Bueno, quizá alrededor de las siete... fue entonces cuando me dejó sola en la habitación, luego de calmarme un rato. Es que todo fue muy fuerte... pensar que todo ese tiempo Rapunzel -así le decimos a nuestra hija- estuvo perdida, o lo que fuere, y nosotros sin saberlo...
continuará...

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