viernes, marzo 17, 2006

Las Cartas (Capítulo 3)

Anteriormente en Las Cartas
En el capitulo de hoy:

- Disculpe inspector, es que Bella estaba levantada ahora, y me pidió algunas cosas -hizo un expresivo ademán-, pero ya escapé. Dice que lo verá a usted en un rato. Yo tengo que salir para mi consultorio, dentro de... -consultó su reloj- ¡Caramba! Debería haberme ido ya... ¿Desea saber algo más?
El inspector sonrió para sus adentros, pues ese "más" fue pronunciado con un desparpajo tal, como si hubiese estado horas declarando. Sin perder su habitual seriedad, contestó:
- Si pudiera narrarme los hechos desde el principio...
El doctor así lo hizo, contando más o menos la misma historia que Adams, pero con una frialdad de cirujano. Al inspector le pareció que ocultaba algo, pero no pudo ver qué era. Entonces preguntó:
- Y dígame, doctor, ¿Cómo es que recibimos su llamada hacia las ocho, si usted dice que su esposa habló a las seis?
El doctor pareció perder su compostura por un instante, pero rápidamente la recobró y dijo:
- ¿Tan tarde sería? Bueno, es que Bella estaba tan consternada -parecía gustarle esa palabra- que habré tardado algún tiempo en llamar... de todas maneras, hoy es viernes y son las diez de la mañana, de modo que ustedes no se han tomado tampoco las cosas con tanta prisa -dijo Ardicott mientras le enseñaba al inspector una sonrisa seráfica-.
- Nosotros estuvimos investigando por la noche, doctor -contestó muy serio Barbrady-; en estos casos lo mejor es llamar inmediatamente, cada instante puede ser decisivo... sobre todo si es que su hija ha sido secuestrada...
Y agregó, mirando fijamente al doctor:
- No parece usted muy preocupado...
- Por supuesto que lo estoy -el doctor se mostraba ofendido-, pero es que quizá no sea más que una broma juvenil... usted sabe cómo son los niños, quizá escapó y se escondió en la casita de un árbol. Nosotros habíamos reñido por una tontería... Bueno, si me dispensa usted, me tengo que ir. Cualquier cosa que necesite no dude en preguntarme, y tanto Adams como la cocinera María y su ayudante, la señorita Jones, están a su disposición. Mi esposa bajará de un momento a otro.
Dicho esto, dio media vuelta y salió.

continuará.

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